Enlaces rotos: el caso real de mi página

Un enlace que ya no lleva a ninguna parte puede pasar meses en tu web sin que te des cuenta, y esto te perjudica.
Este es un caso real que corregí en mi página, contado tal cual pasó.
Todo parecía estar en orden
Estuve posicionando mi página web durante un par de semanas en aquel entonces. Ficha de Google optimizada. Contenido publicado con regularidad. Sobre el papel, tenía casi todo lo que hace falta para que Google confíe en un negocio local.
Y entonces, un enlace roto. Uno de esos que aparecen detrás de un botón, que llevaba a una página que yo mismo había cambiado tiempo atrás (la típica que cambias y das por olvidada, sin pensar en lo que deja detrás). Al hacer clic, un mensaje seco: "Esta página no se puede encontrar".
Tengo varios botones así en la web. Pero era precisamente ese, y ningún otro, el que llevaba a ese callejón sin salida. A simple vista la web se veía perfectamente cuidada. No lo noté enseguida.
Lo que le cuesta a tu negocio
Cuando Google revisa tu web y se encuentra con enlaces que llevan a páginas de error, lo apunta como un detalle de descuido. Algo pequeño. Pero se suma a otros detalles pequeños, y funciona como una bola de nieve: cuanto más avanza, más grande se hace. Y cuando compites por aparecer en los primeros puestos de Google Maps, esos detalles pequeños terminan pesando en el resultado.
Y luego está el cliente real. Alguien que llega buscando tu servicio, hace clic esperando encontrarlo, y se topa con un mensaje de error. Menuda desgracia. Esa persona cierra la página y prueba con el siguiente resultado, que probablemente sea tu competencia.
Con el tiempo, ese enlace resta confianza. De cara a Google, y de cara a quien visita la web. Se ve poco profesional.
Cómo lo encontré
Revisar cada rincón de la web es parte del proceso que aplico con los negocios que ayudo a posicionar. Así que decidí hacerme la misma revisión a mí mismo. Repasé todos los enlaces, uno por uno, para comprobar que cada clic llevaba al sitio correcto.
Ahí apareció. El enlace que ya no funcionaba. Una página que en su momento tuvo sentido, y que se quedó huérfana cuando actualicé el contenido de la web. No la había vuelto a ver desde entonces.
Suele pasar así: cambias un servicio, cambias de nombre una página, y algún enlace antiguo se queda apuntando al sitio equivocado. O peor, a uno que ya no existe.
La corrección
Una vez localizado el problema, la solución fue sencilla. Hice que ese enlace antiguo llevara directamente a la página correcta, sin pasar por el mensaje de error.
El arreglo en sí tomó minutos. Lo que tomó tiempo fue encontrarlo. No sabía que estaba ahí el problema hasta que me senté a revisar la web.
La lección
Toda web que lleva tiempo online, que ha cambiado de servicios o renombrado páginas, acumula enlaces que ya no llevan a ninguna parte. Y nunca está de más repasarlos de vez en cuando, para ver si alguno se ha quedado apuntando al sitio equivocado.
Para un negocio local esto pesa más de lo que parece. Cada clic cuenta. Cada detalle influye en la carrera por los primeros puestos de Google Maps. Revisar esto merece el mismo cuidado que cuidar las reseñas o mantener la ficha de Google al día.
Si nunca has revisado los enlaces de tu web, es probable que tengas alguno roto ahora mismo. Corregirlo, como en este caso, suele ser rápido una vez que se detecta. Pero hasta que alguien se sienta a revisar la web con calma, ese enlace estará ahí sin que nadie lo note.
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